La realidad a través de la pantalla.
Mi móvil es un
Galaxy Trend Plus de la compañía SAMSUNG. Me he familiarizado muy bien con sus
funciones y todas sus aplicaciones, sé como personalizarlo resaltando iconos y
cambiando de fondo de pantalla. Le he comprado una funda amarilla y una azul
que venía con un bolígrafo especial para las pantallas táctiles. Lo uso muy a
menudo y estoy orgullosa de ello porque significa que no ha sido un gasto
inútil. Llevo solo un mes con este móvil y ya siento que no tiene más secretos
para mí.
Creo que podría
afirmar que nunca llegaré a entender a una persona como le he “pillado el
truco” a mi móvil. No hace falta decir que gracias a Dios que las personas
resultan más complicadas de entender que un aparato electrónico. Están siempre
llenas de sorpresas y las relaciones que establecemos con ellas son mucho más
complejas.
La pregunta
entonces es esta: ¿Si todos los roles parecen tan claros y bien definidos,
dónde está el problema? El problema está en que hablando todos somos unas
personas de sanos principios, de mucho autocontrol e ideas claras. Pero del
dicho al hecho la situación cambia radicalmente. Sin darnos cuenta damos la
vuelta a nuestra pirámide de valores y nos olvidamos de que existe un mundo
alrededor de ese aparatito del tamaño de una mano.
El móvil pasa de
ser un instrumento a nuestro servicio, a ser el dueño de nuestro tiempo libre.
Si no tenemos nada que hacer, estamos esperando algo, o a alguien, lo primero
que hacemos es sacar el móvil. Si estamos por la calle o en una pausa del
trabajo o del estudio el móvil es nuestro primer pensamiento. Hay que controlar
los mensajes, hay que ver si ha ocurrido algo interesante o hay que actualizar
la aplicación X. Lo importante es ocuparnos, pasamos de trabajar a trabajar por
otro lado porque “hay” que hacerlo.
No quedarse
quietos es la filosofía del móvil y del mundo contemporáneo. Hasta un momento
de silencio entre dos amigos se convierte en una oportunidad para utilizar el
móvil. Muy a menudo, si no estoy yo también mirando la pantalla, veo gente
caminando y mirando el móvil a la vez, u otros sentados a una misma mesa sin
hablar, cada uno con su aparatito en la mano.
¿Cuántas veces
nos ha pasado que queríamos solo echar un vistazo a la hora y al levantar la
mirada (nos damos cuenta) realizamos que ya han pasado 20 minutos? Eso porque
son muchas las cosas que nos estorban y distraen de nuestras primeras
intenciones.
Dedicarle tiempo
al móvil se convierte en una manía, en una obsesión que creemos saber
controlar, pero no es así. Mi generación se ha convertido en una generación
“móvil dependiente”. No somos capaces de pensar en otra cosa, refugiarnos en
diversiones que no sean tocar esa pantallita rectangular no podemos ni siquiera
planteárnoslo.
Los minutos
vuelan: mirando mensajes, navegando por internet y jugando a los mini-juegos en
él incluidos; porque en materia de entretenimiento, no hay nada mejor que un
móvil. Y nosotros, atraídos por las lucecitas brillantes y los sonidos que
emite el aparato, quedamos atrapados en un laberinto de informaciones relacionadas
entre ellas. Es un hilo rojo infinito que en vez de sacarnos del laberinto, nos
hace perdernos en él y nos envuelve aún más en sus enredos sin posibilidad de
escape. Un hilo que ya es cadena de hierro carcelera de nuestras vidas.
No quiero parecer
dramática hablando así, en realidad la situación no es tan trágica: somos
felices, convivimos y aceptamos la realidad de hoy en día. Pero yo creo que a
veces reflexionar sobre lo que somos, lo que éramos y lo que podríamos ser nos
hace bien, cambiar perspectiva nos hace bien.
Dicho eso yo me
pregunto: ¿Por qué insistimos en ocupar cada rato de nuestro tiempo con el
móvil? ¿Por qué miramos el móvil mientras vamos por la calle? ¿Por qué en vez
de estar con nuestras familias, nuestras parejas o nuestros amigos miramos la
pantalla de un móvil? ¿Hoy qué significado tienen las palabras: “no hacer
nada”? ¿Qué es el descanso y que significa estar en silencio? ¿El estar en
silencio es un simple no proferir palabras o es un silencio interior sin el
incesante bombardeo de quehaceres entre actualizaciones y chat que nos pide el
móvil? Si se me permite una reflexión creo que el mal de nuestra época es que
no se concibe más la idea de que haya que dedicar un momento al silencio.
Desconectar, tomar distancia de ese mundo de conexiones y aislarnos, quedarnos
solos, son lujos que no nos podemos permitir. ¿Pero por qué? ¿Eso es malgastar
el tiempo?
No podemos estar
solos, no es pensable, porque ya hemos olvidado lo que es.
![]() |
| -Her - película. |
Y como hemos
olvidado lo que es estar solos, por consecuencia hemos perdido el valor de lo
que es estar juntos.
Creo que la
respuesta a todas estas preguntas es que vivimos en la época del no parar, del
no hay tiempo y del ahorro de tiempo y espacio. Ese tiempo y espacio que
acumulamos corriendo es el que gastamos dedicándolo a la tecnología. Porque ahí
en ese espacio virtual que va aún más deprisa tenemos que perder nuestro
tiempo. Nuestra época se materializa en I-pad y Smartphone. Esa es su
apariencia. Se le pide a la gente que corra afuera y dentro de ese mundo
cibernético, que no pierda el tiempo que acelere el mismo Carpe Diem. Víctimas
de este “no parar” denunciamos como mejor podemos esta realidad cibernética sin
control. Películas como In Time y Her son representaciones, aunque
extremas, de esta realidad. Lo que
podemos proponernos es intentar hacer un uso más responsable y consciente de
estos instrumentos, aceptándolos como parte de nuestro mundo y no como única
realidad.

